viernes, 9 de enero de 2015

Descentralizaciones



Con la popularidad del súper-8 la producción amateur se descentraliza. Los concursos se multiplican. La supremacía del Centro Excursionista de Cataluña ha servido para crear una serie de inercias cuyo germen y motor es el concurso anual:

“El concurso cubre todo el año del cineísta. Este aprovecha todo el verano y parte del otoño para el rodaje de sus films.; en invierno los monta, los pule, les pone rótulos y los manda al concurso; en primavera se desarrolla el concurso, cuyas sesiones de fallo sigue con interés todo cineísta aun cuando resida lejos de Barcelona y no pueda asistir; el fallo, el reparto de premios, sesión pública y tournée por las principales ciudades catalanas donde ha clubs amateurs le alcanzan hasta la entrada del verano. Y de nuevo a buscar temas, a abarajar ideas, y vuelta a empezar”. [José Torrella: Cine amateur español 1930-1950. Barcelona, Centro Excursionista de Cataluña, 1950. p. 40.]

En el Club Amateur de La Coruña ejerce su festivo magisterio José Ernesto Díaz Noriega, autor de varios cortometrajes de tema humorístico entre los que destacan el autorreferencial y archipremiado El cine amater (Filmlet con copuplet) (1965), remake en 16mm de un tema rodado en 8mm cuatro años antes. Desde 1963 hasta 1971 celebra el Club un festival de Cine Aficionado, del que tomará el relevo desde la militancia por la creación de un cine gallego la Semana de Cine de Orense (1973). En el catálogo de las jornadas se proclama: “El cine gallego es la conciencia de su nada. Ya es algo”. [Citado por Xose Nogueira: O cine en Galicia. Vigo, Edicions A Nosa Terra, 1997. p. 315.]

“A comienzos de los años 60 —escribe José María Unsain— puede detectarse en Bilbao un difuso movimiento de cine amateur en el que participan, antes de ingresar en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid, Pedro Olea y José Angel Rebolledo, realizando algunas películas en 8 y 16mm. Ambos realizadores prefieren dejar aquellos títulos en el olvido”. [José María Unsain: El cine y los vascos. San Sebastián, Euskadiko Filmategia – Filmoteca Vasca, 1985. p. 151.]


En torno a las sesiones de cine que organiza en el Ateneo de Santander José Ramón Saiz Viadero se reúne un grupo de jóvenes que tendrá luego cierto recorrido en el cine español: José Sámano, Luis Gutiérrez Espada, Jesús Garay—El extraño (1967)— y Paulino Viota — Tiempo de busca (1967)—. Éste último, tras unos primeros escarceos como crítico cinematogrñafico en radio y prensa, se lanza al ruedo con un reportaje en súper-8 sobre las atracciones del ferial que todos los años, a mediados de julio, toma la Plaza de las Estaciones de la capital cántabra: Las ferias (1966). 

 “El año anterior había emprendido otros intentos, con unos amigos del colegio y la cámara de 8 mm del padre de uno de ellos, pero no salieron adelante, porque resultaba técnicamente muy difícil manejarla. Más tarde, mi padre me compró la primera cámara de súper-8 que llegó a Santander, que era semiautomática, rodaba en color y lograba de manera sencilla un mejor enfoque. Era verano, ya había terminado el colegio y mis amigos se habían ido, por lo que rodé únicamente exteriores, a los feriantes, y después añadí una banda de sonido que grabé en casa”. [Gonzalo García Pino: “Esculpir con tres golpes - Entrevista con Paulino Viota”, en Minerva n. 16, 2011.]

Le seguirán, en breve plazo, dos mediometrajes argumentales sobre la insatisfacción de la juventud en una capital de provincias que funciona como metonimia de la España de Franco: José Luis (1967) y el mencionado Tiempo de busca, protagonizado por Guadalupe G. Güemes, como buena parte de su filmografía posterior. En tanto que ella ingresa en la especialidad de Interpretación en la Escuela Oficial de Cinematografía, Viota suspende por dos años consecutivos el examen de ingreso en dirección, lo que no es óbice para que ruede en Madrid, en 16mm y de modo totalmente clandestino el largometraje Contactos (1970).

El cine en paso estrecho, como se denominaba entonces, permite el acceso a un modo de filmación mucho más libre de mediaciones. Es así como dos miembros señeros de la EOC van tejiendo lo mejor de su obra en súper-8. Jaime Chávarri e Iván Zulueta, amigos y cómplices, avanzan en distintas direcciones. El primero realiza varios cortometrajes antes de embarcarse en la creación de dos largometrajes libérrimos. Run Blancanieves, run (1968) es una parodia del melodrama hollywoodense, igual que lo pueda ser, en cierto sentido, Shirley Temple Story de Antoni Padrós. Después de este primer largometraje en súper-8 en el que Mercedes Juste ejerce a la vez de musa y núcleo generatriz, Jaime Chávarri se lanza sin red a la realización de una de las películas más interesantes del cine español de los años sesenta y setenta.

Que esté rodada de nuevo en formato subestándar, que sus intérpretes sean amigos y compañeros de la Escuela de Cine, que el doblaje artesanal no permita una sincronización afinada de los diálogos, no obsta para que Ginebra en los infiernos resulte tan sugerente como turbadora. Las citas de Vincente Minnelli o Fritz Lang nunca perecen postizas. La inconsciencia del director no se traduce en ineptitud ni insolencia. El amor por sus personajes se traduce en deseo que el súper-8 recoge en estado puro, sin la mediación del equipo técnico y la parafernalia de un rodaje profesional por modesto que éste sea. Es difícil encontrar una película en que la adecuación entre lo que se quiere narrar y los medios para contarlo resulten tan coherentes. 

“Fue el primer trabajo mío que empezó a verse. La solicitaban los cineclubs, los colegios mayores e incluso la Filmoteca. Aunque era una copia única, en súper-8 y material reversible, viajaba sin cesar. Pasó diez años yendo de un lado a otro, sin sufrir daño alguno. Teniendo en cuenta su formato, se difundió muchísimo. La vieron bastantes personas de la profesión y, de alguna manera, tanto a ella como a Los viajes escolares les debo haber podido rodar El desencanto. [Jaime Chávarri en Rosa Alvares y Antolín Romero (eds.): Jaime Chávarri: Vivir rodando. Valladolid, Festival Internacional de Cine, 1999.]

Uno de los protagonistas de Ginebra en los infiernos es Iván Zulueta, autor de un corpus que Carlos Heredero ha calificado de work in progress:

“Es en realidad un largo y fragmentario discurso unitario, levantado en su mayor parte sobre las técnicas de la refilmación, los escaneados, el collage y la sobreimpresión. Efectos ópticos y visuales que casi siempre sin producto exclusivo del partido que el director logra extraer de su cámara, sin necesidad de efectos especiales de laboratorio y, en la mayoría de los casos, no siquiera de la moviola”. [Carlos F. Heredero: “Iván Zulueta, la mirada poliédrica”, en Tiempos del cine español: Años Cincuenta / Iván Zulueta. Ayuntamiento de San Sebastián, 1990. p. 27.]

Su título más célebre es A-Mal-Gam-A (1976), protagonizado nada menos que por “Jim Self”. El propio Zulueta alimenta el mito del carácter autobiográfico que tiene el súper-8 en Arrebato (1979), en la que sus propias filmaciones adquieren carácter vampírico.

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